No fue por saber sobre “la jugada de marketing más brillante de la historia” que me enganché a Fringe, pero es por Fringe y no por la música, que le doy a la tecla ahora. Esta serie (B) se me ha convertido en una compulsiva adicción que no me deja salir de casa. Le veo todos los flecos y los trucos, pero su idilio (y el mío) con la tradición casposa de la ciencia ficción la hacen irresistible, perfecta para maridar con palomitas y otros psicotrópicos.
Solo necesitaba una excusa para comentarlo y eso es Violet Sedan Chair: un grupo que no existe, cuyo vinilo aparece en un capítulo que aún no he visto (y quizá no vea nunca porque siempre me agoto en la temporada dos) y también en alguna contada tienda. Bien caro. Muy caro, por lo que suena.
Desde luego, muy barato para los réditos que puede dar a productores, creadores, canales y otras formas de materialización monetización que tiene el talento de Abrams. Si Walter pillara el cerebro de este señor, crearía el mundo otra vez y mejor.
Como carnaza, casi prefiero ciertos temas a los simbolitos con sentido que aparecen al final de cada episodio, que sólo me sirven para recordar la palabra glifo.
Me conformo con ejercer de musa e inspirarte con la información que te doy. llegarás a conocer el grupo en la serie, y a su teclista. Porque una vez estás dentro del universo fringe encontrar la salida es como escapar de un laberinto del que sólo saldría Peter.
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Me conformo con ejercer de musa e inspirarte con la información que te doy. llegarás a conocer el grupo en la serie, y a su teclista. Porque una vez estás dentro del universo fringe encontrar la salida es como escapar de un laberinto del que sólo saldría Peter.
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